miércoles, 21 de marzo de 2012

Las locas aventuras de un escritor que quiere vivir de lo que hace.

Soy escritor. Y empecé a decirlo, a presentarme como escritor. Alguno
pensará que soy un caradura. Puede ser. Muchos creen que decirse
escritor es lo mismo que creerse un gran escritor. No. Yo escribo.
Simplemente escribo, mucho, tenía unos treinta libros escritos cuando
paré de contar. Algunos, los primeros, trece años después, me parecen
espantosos. Pero creo que algo aprendí. Creo. Hay un puñado de ficciones
que me gustan, hay textos que comparto con otra gente, hay algunas
respuestas lindas. La última palabra la tendrán los lectores, y
seguramente el tiempo. Aunque me interesa más la palabra del lector.

Así que digo que soy escritor. Porque me dedico a eso. Aunque, en
realidad, la parte más gruesa de mi ingreso mensual no viene de la
escritura. La mitad de lo que gano, lo gano como docente, trabajo que
tiene menos que ver con la escritura que con la paciencia. Otra parte
viene de brindar distintos servicios, desde confeccionar libros por
encargo, hasta dar talleres o conferencias, que, como se ve, tienen
algún tipo de relación con la literatura.

Pero, y acá hay un detalle que tiene cierta importancia: otra parte, un
tercio de mi ingreso mensual, viene de la escritura. Y de la pasión por
el dibujo. Desde hace nueve meses, soy guionista de una tira diaria, que
pueden ver en www.eldiario.com.ar. El primer empleo en que me pagan por
escribir. Un privilegio. Como es un privilegio trabajar con un dibujante
de la talla humana y profesional de Seba Mercau, asunto del que hablé en
varias ocasiones, y en el que no me voy a extender ahora.

Porque ahora, ahora quiero ir a lo más importante, al por qué me
considero escritor, por qué puedo decir: soy escritor. Porque veo la
vida a través de la escritura. Porque necesito escribir. Porque, aunque
pasé por épocas en que trabajaba íntegramente de otras cosas, tengo que
escribir, todos los días, o prácticamente todos los días, porque si no
me siento mal, estoy de mal humor, me falta algo. Me falta algo
importante de lo que soy: escritor.

¿Y por qué les cuento esto? Porque hoy, aquí y ahora, empieza mi
desafío. Quiero vivir de lo que hago. Me dicen que es imposible, que
nadie vive de lo que escribe en Santa Fe. Puede ser. Pero yo no creo que
sea imposible. Creo en mi empeño, creo en lo que hago, creo en el
noventa y nueve por ciento de sudor, que es el que trabajosamente nos
deja llegar al uno por ciento de inspiración. Creo en mi trabajo, en lo
que meticulosamente escribo día a día. Creo que hay lectores a los que
mi obra les va a gustar. Y creo que, si hoy no soy lo suficientemente
"bueno", escribiendo, voy a llegar a serlo. Por prepotencia de trabajo,
como dijo Roberto Arlt, en una frase que debe ser de las más citadas en
nuestra literatura. Y con razón.

Y quiero compartir esta búsqueda con ustedes. El paso a paso. Porque es
una labor solitaria, que me lleva energías que no tengo, que supone
aguantarse un portazo tras otro en la cara, que te ninguneen las
editoriales, las librerías, los demás escritores... pero también, porque
trae momentos muy lindos, en los que alguien se ríe con algo que
escribiste, en los que alguien que no conocías te cuenta que leía tus
cosas en reuniones, en los que un dibujante se acerca y te dice que le
gustaría dibujar algo tuyo, ¡el sueño del pibe hecho realidad!

Este género de la bitácora, del diario público, es algo nuevo para mí.
No le tengo miedo a las cosas nuevas. Tampoco les tengo tanto respeto,
la verdad. Me animo. Empiezo. A escribir, y a buscar.

Si alguien quiere acompañarme, muchas gracias, bienvenido, bienvenida, y
allá vamos.

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