jueves, 29 de julio de 2010

Sin cura.

- Si alguien conoce una razón para que esta boda... - el cura se interrumpe. Baja los ojos, saca un pañuelo. Cuando vuelve a levantar la vista, se ve que está a punto de llorar.

Le dice a la novia:

- Yo conozco una razón, Roberta. Estoy enamorado de vos.

Para qué.

Gritos, desmayos, puteadas y hasta un intento de linchamiento, hasta que, en medio de la confusión, Roberta le da la mano al cura, y le dice:

- Vamos.

Una vez afuera, se suben al auto de ella, y él le dice:

- No podía dejar que te casaras con ese imbécil.
- Sabía que te ibas a poner celoso.

jueves, 22 de julio de 2010

Un zapatito de cristal



- Ella tiene que ser – con el zapatito de cristal en la mano, con el corazón desbocado, el príncipe camina hasta la piba más hermosa que vio en su vida.

Ceremoniosamente, se arrodilla, le quita el burdo zapato de campesina, y empieza a introducir el pie en el diminuto zapato de cristal.
Pero no.
- Carajo – murmura el príncipe.

Todavía sonriendo, ella le pasa una mano por el pelo, como diciendo “y bueno”, y se vuelve a calzar.
Él se queda mirándola, y se da cuenta de que acaba de enamorarse.

- No te vayas – le pide.
- Pero el zapatito de cristal...
- ¿Qué zapatito? - lo tira contra la pared, con fuerza, como si lo odiara. - Estamos grandes para algunas cosas...
- ¿Vamos a dar una vuelta?
- Dale.
- ¿Y cómo se te ocurrió lo del zapatito?
- Mirá, ni me hagas acordar...



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jueves, 8 de julio de 2010

No puedo permitir que esta farsa siga adelante.

- ¡... que hable ahora, o calle para siempre!
- ¡No puedo permitir que esta farsa siga adelante! ¡Yo te amo, Sebastián!
- ¡Mamá, por favor! ¡Me estoy casando!
- ¡No lo puedo permitir!
- ¡Me prometiste que esto no iba a pasar, Sebastián! - se enfurece la novia.
- ¡Mamá, soltáme, por favor...!



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jueves, 1 de julio de 2010

Una mujer embarazada en la puerta de la iglesia.


- Y si alguien conoce alguna razón por la que esta boda no pueda realizarse, que hable ahora o...
¡Yo conozco una razón! - grita, como poseída, una mujer embarazada en la puerta de la iglesia.
- Pero qué desgraciado – murmura el padre de la novia, saca un revólver de abajo de la silla de ruedas, y vacía medio cargador sobre el novio, que estaba diciendo “no tengo idea de...”

Mientras la novia patea el cuerpo, la mujer embarazada entra, pasa por al lado del novio, va hasta el cura, que está como paralizado por el terror, y le sacude un gancho de izquierda monumental.

- ¡Vos no podés casar a nadie! - y le vuelve a cruzar la cara, ensangrentada, con otro puñetazo terrible, demoledor - ¡Reconocé a tu hijo, carajo!




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