viernes, 21 de mayo de 2010

El príncipe Azul



Blancanieves despertó del helado sueño de la muerte: cuando abrió los ojos, ahí estaba el príncipe, sonriendo.
- ¿... qué pasó? - dijo ella, mientras pensaba: - me tengo que lavar los dientes.
- He venido a buscarte – le contestó el príncipe.

Los enanitos empezaron a reírse y a bailar, y ya empezaba a correr la cerveza, en unas jarras grandotas y espumosas.

- Pero yo... no me quiero ir.
- Pero... serás una reina...
- ¿Y para qué?
- ... bueno, para... para... para ser una reina... - el príncipe, confundido, aceptó una jarra de cerveza.

Estornudón le dio otra jarra a Blancanieves, que se sentó en el ataúd de cristal, dejando las patitas colgando. Era un día de primavera en el bosque, y daban ganas de tirarse en el pasto a dormir la siesta.

- No, prefiero quedarme acá – le sonrió ella – pero gracias por resucitarme, ¿eh? - y le dio una palmadita en el hombro - ¿Cómo te llamás?
- Soy... soy el príncipe azul...
- Mirá vos, yo pensé que Azul era nombre de mujer.

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