viernes, 25 de diciembre de 2009

Lo que Dios une...

Cuando los conocí, parecían siameses. Estábamos en la sala de espera de la podóloga; tuvieron tiempo de contarme su historia.

- Estamos muy enamorados – empezó ella.
- Al principio, simplemente no podíamos dejar de abrazarnos – siguió él – y queríamos estar todo el tiempo juntos – completó ella.

Un día como cualquier otro, ya no pudieron separarse.
Pensaron en un médico. Las costumbres de la gente, a veces, parecen hechas a propósito para que nadie sea feliz: ellos se dieron cuenta de que no querían separarse.

Los curas, las maestras, los clientes de la peluquería, se escandalizaron: ellos, simplemente, se dedicaron a disfrutar una nueva etapa en sus vidas.