lunes, 2 de noviembre de 2009

Costumbres I.

La primera vez que vi los pies del sodero asomando por debajo de la cama, me enfurecí. Recién empecé a calmarme cuando me di cuenta de que el resto del cuerpo no estaba.
¿Qué significa esto? - pregunté, en tono enérgico, tratando de disimular el placer que sentía al saber que no se trataba de un amante.
Yo te amo – cuando escuché esa respuesta, me empecé a derretir. No me canso de que me lo repita. La abracé, la besé, y empecé a quitarle cuidadosamente la ropa, olvidándome de los pies abajo de la cama.
El incidente quedó en el olvido, hasta que, una semana después, vi otro par de pies asomando por debajo de la cama. Me agaché, y reconocí los pies del diariero. Pero, para mi alivio, el resto del cuerpo no estaba.
Hola, mi amor, ya llegué – dije, tratando de no darle al asunto mayor importancia de la que tenía.





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