viernes, 23 de octubre de 2009

A primera vista.

Fue amor a primera vista.
Él estaba haciendo un pozo en el pavimento, con un taladro pesadísimo; ella llevaba de la mano a la sala de cuatro años del jardín “Las tortuguitas”, mientras les cantaba una canción sobre un hipopótamo cobarde.
Entonces, se vieron: él estaba absolutamente sudado, y ella al borde de un ataque de nervios. Nada de eso importó cuando el amor nació.
Corrieron a abrazarse, en medio de la calle: el taladro siguió rompiendo pedazos de asfalto al azar, mientras ellos corrían, de la mano, rumbo a la felicidad.
Los chicos de la sala de cuatro años del jardín “las tortuguitas”, se quedaron ahí, solos, desorientados y llorando, durante horas. Algunos vecinos se apiadaron de ellos, y trataron de adoptarlos: las buenas intenciones terminaron en una prolongadísima y terrible batalla, a veces legal, a veces armada, con los padres de los chicos.
El obrero y la maestra, en cambio, fueron felices para siempre.
Cuando los llevaron a juicio declararon: “Todo fue por amor”. El juez se enterneció hasta las lágrimas, y los dejó en libertad.

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