sábado, 31 de octubre de 2009

Casarse de apuro.

- Vengo a casarme con vos – dijo ella, mientras atravesaba los escombros de la pared.
- ¿Y vos quién sos?
- Callate, y vamos al altar.

Unos minutos después, el cura ya estaba diciendo las palabras rituales.

- Si alguien conoce un motivo por el que esta unión no pueda realizarse...
- Ni siquiera sé su nombre – intentó defenderse él, mientras se acomodaba el frac.
- Mi nombre no importa – contestó ella, abrazándolo casi hasta la asfixia – lo importante es nuestro amor, Roberto.
- Yo no me llamo Roberto.
- ¿Vos no sos Roberto el del chat?
- ¿Cual chat?
- ¿En serio no sabés quién soy yo?
- ¡¡No!!
… ... y que lo que Dios une, no lo separe el hombre – terminó de decir el cura, mientras se lavaba las manos, se sacaba la sotana, se sentaba en un sillón, abría el diario, y se ponía a leer el diario, en una señal inconfundible de que la ceremonia había terminado.
- Bueno, Roberto, ya nada de eso importa. Ahora estamos casados ante el Señor.
- Es verdad – contestó, mientras besaba a la novia, pensando en cómo cambian las cosas.

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Consultar: gellergonzalo@yahoo.com.ar

jueves, 29 de octubre de 2009

Lo nuestro es imposible.

El pasajero del asiento de adelante se dio vuelta, y con aires de quien acaba de tener una idea pero no sabe si es ridícula, le preguntó:
- Disculpe, ¿Usted querría casarse conmigo?
- Me encantaría - dijo ella, levantando la vista de su revista de tejido y manualidades - ¿Y qué día sería?
- El jueves a la tarde.
- No, el jueves a la tarde no puedo. Tengo que ir al dentista.
- Si no es el jueves a la tarde, yo no puedo.
- ¿Y entonces...?
- Parece que lo nuestro es imposible...
- ¿Ahora te echás atrás?
- Y...
… yo sé que todo esto es culpa de la atorrante de tu secretaria. Está bien, hacé lo que quieras – trató de conservar la dignidad, y siguió leyendo la revista de tejido y manualidades, a pesar de la espesa capa de lágrimas, que no le dejaba ver absolutamente nada.

Un par de asientos más adelante, se escuchaba la voz de él, diciendo:

- Disculpe, ¿Usted querría casarse conmigo?



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miércoles, 28 de octubre de 2009

Relato para el cumpleaños de Matías Machtey

Nos conocimos en una fiesta. Yo estaba disfrazado del Chapulín Colorado. Por una de esas casualidades, nos encontramos en la cocina, forcejeamos, y, mientras yo trataba de asesinarla, me caí sobre los cubiertos, y terminé con un tenedor clavado en la mano. Normalmente, uno no se imagina hasta dónde podría clavarse un tenedor. Pero así fue.
Lo último que recuerdo, es que ella discutía con Lucho si había que sacarme el tenedor o no. Lucho decía que no, y yo le hubiera hecho caso, porque será una mala persona pero debe ser un buen médico. En un momento me pareció que les importaba más la discusión que mi mano. Y debe haber sido así, porque no me acuerdo de nada más.

martes, 27 de octubre de 2009

El sueño es vida.

… ... te juro que sos la mujer más hermosa que vi en mi vida.
- Pero hay un problema.
- ¿Cuál?
- Esto es un sueño.
- No te puedo creer... ¿O sea que estoy soñando?
- No... no sé cuál de los dos está soñando.
- Contemos hasta tres. El que se despierta, es el que estaba soñando.
- ¿Y si no nos despertamos? Yo estoy bien así como estoy.
- Y bueno... nos quedamos un rato más...



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domingo, 25 de octubre de 2009

Ilustración para un texto de Pablo Escudero.


Es para la revista del Filobondi, que edita un grupo de estudiantes de Filosofía, en la UNL. (Prometo que algún día voy a aprender a poner un link. En serio.)

El amor es otra cosa.

Después de algunos años de convivencia, los intentos de asesinato son algo natural, casi diría, necesario.
Por eso, cuando vi a Matilde levantar el hacha como para decapitarme, no me preocupé: saqué el revólver que tengo bajo el colchón, y disparé dos tiros al techo, como advertencia.
Matilde, pálida, soltó el hacha. Arriba se escuchó un grito, y gruesos goterones de sangre empezaron a caer por el agujero que dejó la bala.
Entonces, como a todo buen matrimonio, la adversidad nos unió: ella empuñó el hacha, yo el revólver, y subimos a exterminar a los testigos.
Cuando subíamos las escaleras, le guiñé un ojo, como diciéndole: “podemos pelearnos, nos podemos odiar, pero el amor es otra cosa”.
Ella me contestó con una sonrisa.




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viernes, 23 de octubre de 2009

A primera vista.

Fue amor a primera vista.
Él estaba haciendo un pozo en el pavimento, con un taladro pesadísimo; ella llevaba de la mano a la sala de cuatro años del jardín “Las tortuguitas”, mientras les cantaba una canción sobre un hipopótamo cobarde.
Entonces, se vieron: él estaba absolutamente sudado, y ella al borde de un ataque de nervios. Nada de eso importó cuando el amor nació.
Corrieron a abrazarse, en medio de la calle: el taladro siguió rompiendo pedazos de asfalto al azar, mientras ellos corrían, de la mano, rumbo a la felicidad.
Los chicos de la sala de cuatro años del jardín “las tortuguitas”, se quedaron ahí, solos, desorientados y llorando, durante horas. Algunos vecinos se apiadaron de ellos, y trataron de adoptarlos: las buenas intenciones terminaron en una prolongadísima y terrible batalla, a veces legal, a veces armada, con los padres de los chicos.
El obrero y la maestra, en cambio, fueron felices para siempre.
Cuando los llevaron a juicio declararon: “Todo fue por amor”. El juez se enterneció hasta las lágrimas, y los dejó en libertad.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Prófugos.

La primera vez que vi a Ernestina, estaba completamente borrosa.
La segunda vez fue dos meses después, ya me habían operado de cataratas, y ella tenía puesto un pijama a rayas rosadas. Me dijo simplemente:
- Hola, buen mozo.
- Cómo le va, ricura.
 Sé que las autoridades del geriátrico ven con malos ojos el romance, pero no alcanzo a entender por qué. Ernestina y yo empezamos a frecuentarnos, en largos partidos de naipes, en recuerdos, en algún mate a la tardecita.
Lenta, silenciosamente, fuimos preparando la fuga. Averiguamos precios de hoteles, colectivos, almuerzos.
Un mes después fingimos que íbamos a la panadería, nos tomamos un colectivo, y nos fuimos.
Tardaron casi una semana en encontrarnos.
No nos importó que llegara la policía, los gritos, la falsa preocupación, el incomprensible amor de nuestros hijos.
Atesorábamos algo más importante que eso, algo más importante que nosotros mismos.
 Cualquiera podía ver que, entre grito y grito, entre preocupaciones dudosas y alivios fingidos, hijos, parientes y enfermeros, nos miraban con una extraña mezcla de envidia y reverencia.
 Cuando nos vieron volver al geriátrico, tomados de la mano, ellos, que parecían los dueños de nuestros destinos, volvieron a ser nuestros hijos, volvieron a mirarnos, humildes, como si de repente se acordaran de que tienen mucho, todavía, mucho que aprender.

martes, 20 de octubre de 2009

Hace casi tres años.

Siento que estoy viviendo en un sueño.

Hace casi tres años que soy el compañerito del Capitán Justicia.
Hace casi tres años que repartimos trompadas entre los malvados, codo a codo. Hace casi tres años que vivo en su mansión. Hace casi tres años que juntos, recorremos la ciudad, protegemos al débil, ayudamos al necesitado, compartimos nuestros secretos, nuestras alegrías y tristezas.

Pero recién anoche, todo cambió entre nosotros. Le habíamos dado una paliza de aquellas al Payaso Demente. Locos de alegría - es muy raro que podamos atrapar al Payaso - nos abrazamos, cantamos la vieja Canción de la Justicia, nos fuimos al Bar clandestino de Monólogo Man, nos emborrachamos alegremente, y, sin saber cómo ni por qué, terminamos en la cama.

Hace casi tres años que yo soñaba con esa escena: hoy, mientras acaricio los rulos de esa cabeza que duerme, tengo ganas de salir a las calles a gritar lo que nos está pasando.

Y de acordarme qué habremos hecho con el Payaso Demente.

lunes, 19 de octubre de 2009

El apoyo de los padres.

- ¿Y estás segura de que no lo hace por la ciudadanía?
- ¡Mamá, es un ser de otro planeta!
- ¿Y qué tiene? Que sea de otro planeta no quiere decir que tenga que ser bueno, sí o sí.
- ¡Rubrszkian y yo estamos enamorados, mamá! ¿No podés entender eso?
- No llores, hija... nosotros queremos lo mejor para vos.
- Entonces, mamá...
- Sí, sí... te vamos a apoyar.
- ¿En serio?
- Sí, sí... mirá... vení, Ruskián, vení, vamos a tomar unos mates... tiene boca, ¿No es cierto?
- El orificio abajo de la axila. Pero que no le salpique agua en la piel, porque se la disuelve.
- Bueno... mirá, Ruskián... te voy a mostrar nuestro álbum de casamiento... ¿Tienen fotos en tu planeta?

La boda del siglo I.

Eran la pareja perfecta: él era una estrella del rock, ella una modelo con aires de futura presentadora de televisión.
La televisión, las revistas, lo anunciaron como el casamiento del año. Alguien quiso ser más, y dijo el casamiento del siglo. Ellos eran la pareja perfecta, así que nadie los contradijo.
Todo el mundo quería un pedazo de ellos: pagaban por poner propagandas en la iglesia, en el vestido de la novia, en los anillos, en la espalda del frac del padre de la novia.
En medio de toda la vorágine, se les ocurrió la idea más absurda, la única impensable: se enamoraron. Él, que en realidad era un muchachito tímido, que nunca se animaba a expresar lo que sentía, y ella, que había sido criada como un objeto, un artículo de lujo, la mejor parte del decorado, pero que en realidad estaba confundida, porque nunca había tenido tiempo de pensar en qué quería.
 Él se animó a decir que estaba nervioso, y que no sabía si quería casarse. Ella le dijo que no importaba si querían o no, que estaban obligados. Pero lo dijo con una pena infinita. Esas palabras fueron un relámpago, un destello: no sólo estaban descubriendo que el otro tenía sentimientos, sino que, además, tenían los mismos sentimientos.
 Así que, mientras los medios esperaban ansiosamente la aparición de la pareja del siglo, ellos armaron las valijas de incógnito, salieron del país, no a un paraíso tropical, como todo el mundo hubiera esperado, como los papparazzis de todo el mundo esperaron vanamente, sino a un país vecino, un país anónimo, donde fueron nada más que la cajera del supermercado y el cuidador de la cancha del Club Atlético San Rafael.
Tuvieron un perro, dos hijas, otro perro, algunos amigos, y un puñado de atardeceres que miraron juntos, abrazados, sin melancolía, sin nostalgia, sintiendo que el tiempo les pertenecía.

domingo, 18 de octubre de 2009

Otra imagen de las minimuestras.



Y seguimos en la Cortada Falucho, exponiendo y vendiendo nuestros trabajos. Los puestos están cada vez más lindos, mire vea.

jueves, 15 de octubre de 2009

Anochecer.




Éste es un dibujo tratado digitalmente.
Es parte de una muestra de calcomanías que estamos vendiendo en el Paseo de los Dibujantes, en la Cortada Falucho, a pasitos de la peatonal de Santa Fe.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Palabra del Señor.

Estaban los dos en la iglesia.
De golpe, entró el cura: estaba completamente borracho. Se subió al altar, y les dijo:

- Los declaro marido y mujer. Y déjense de joder.

El cura se bajó, y se fue a casa, a comer una hamburguesa y tomar un café.

- Che, no es una mala idea - dijo él.
- Sí - le contestó ella - ¿Cómo te llamás?