lunes, 21 de septiembre de 2009

El amor, el despiste, la búsqueda.

Hace diez años, la Tere me dijo que iba a comprar soda. El quiosco quedaba en la esquina: empecé a sospechar que estaba tardando demasiado, tres días después. Salí a buscarla: la Tere siempre fue un poco despistada. A veces se confundía mi nombre, por ejemplo, y en medio de la noche, cuando se despertaba, me llamaba con el de su profesor de gimnasia, o, durante los momentos de intimidad, me gritaba el nombre del sodero.
Despistada como era, no es raro que ahora ande por ahí, buscando nuestra casa, sin encontrarla. Vaya uno a saber dónde andará ahora, después de diez años: ya recorrí el país entero, y empiezo a sospechar que, en su despiste, puede haberse ido a otro país, o que, por ahí, puede haber vuelto a casa cualquier día de éstos, y yo acá, buscándola como un gil.
Lo que se reiría, si se enterara.

14 de septiembre de 2009.

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