lunes, 28 de septiembre de 2009

Amor de juventud.

Desde que la vi, no pude hacer otra cosa que pensar en ella.
Su carita angelical, sus ojos grandes, como si viera el mundo por primera vez, sus manos suaves, como las de un bebé.
Nos vimos a la distancia.
Ella estaba en los brazos de otro, pero no me importó.
Cuando por fin la casualidad nos acercó, intenté, de alguna forma, hacerle notar lo que sentía.
Pero no pude.
De mi boca sin dientes, no salían palabras.
¿Qué iba a hacer? Me puse a llorar.
Una enfermera vino a cambiarme los pañales.

Mientras tomaba la teta, pensé que tenía tiempo para esperarla, todo el tiempo del mundo...

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