lunes, 28 de septiembre de 2009

¿Qué pasó con los famosos de la historieta? ¿Dónde están hoy?

En revista Big Bang Nº3.




Después de años de negar su condición, Condorito decidió salir del armario. Confesó públicamente su relación con Tribilín, y, lejos de perder su trabajo, como había sospechado, hoy le va mejor que nunca.
“Yayita intentó matar a Tribilín tirándole ácido en la cara. Fueron momentos muy duros para mí. Por suerte él me apoya en todo. Si tuviera que decirle algo a los que me están leyendo, les diría que tienen que animarse a ser auténticos. A dejar de fingir, sean gays, pervertidos, lectores de Condorito, lo que sea.”

Amor de juventud.

Desde que la vi, no pude hacer otra cosa que pensar en ella.
Su carita angelical, sus ojos grandes, como si viera el mundo por primera vez, sus manos suaves, como las de un bebé.
Nos vimos a la distancia.
Ella estaba en los brazos de otro, pero no me importó.
Cuando por fin la casualidad nos acercó, intenté, de alguna forma, hacerle notar lo que sentía.
Pero no pude.
De mi boca sin dientes, no salían palabras.
¿Qué iba a hacer? Me puse a llorar.
Una enfermera vino a cambiarme los pañales.

Mientras tomaba la teta, pensé que tenía tiempo para esperarla, todo el tiempo del mundo...

A PARTIR DEL SÁBADO 3 DE OCTUBRE, LA GOTA EN EL STAND DE LA ASOCIACIÓN DE DIBUJANTES INDEPENDIENTES, EN LA CORTADA FALUCHO, PEATONAL DE SANTA FE

¿Qué es La Gota?


La Gota es un proyecto de microedición.
Es un proyecto pensado para que los escritores que no tienen acceso a las editoriales, puedan llegar a un público.
Es un proyecto pensado para que el público pueda llegar a otro tipo de escritores. A los que no se ven. A los que están a nuestro alrededor. A los que vienen construyendo en silencio. A los que, a pesar de no poder trabajar de lo que hacen, de lo que aman, siguen escribiendo, siguen asumiendo día a día la responsabilidad de la palabra escrita. El placer de la palabra escrita. Un placer que hay que compartir.
La Gota es un proyecto reducido, modesto, que sólo se plantea crecer en la medida en que haya un público que lo apoye. En la medida en que vos lo apoyes. No tenemos auspiciantes, no tenemos publicidad, no tenemos spónsors, no tenemos subsidios.
Queremos recuperar la idea de que escribir es un trabajo, y para eso contamos con que exista un público que lo reconozca y valore como un trabajo. Como el trabajo del verdulero, del médico, del docente, del colectivero.
Esto es la gota.
Un proyecto pequeño que crece desde abajo. Muy desde abajo. Pero crece. Empezó con la edición de doce ejemplares de un librito. Hoy, más de doscientas impresiones después, busca otro público. Y contamos con la posibilidad de que haya un público buscándonos. Y otros escritores buscando a su público, que quieran sumarse. Otra literatura. Otras ideas.

Esto es la gota.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Trazos introvertidos.




Ésta es una ilustración que hice para el disco de Muñeca, "Trazos introvertidos". Fue una buena experiencia: me dejaron libertad para crear, y no tuvieron problemas en compartir el proceso de creación, indicando qué buscaban, qué necesitaban, como imagen para su disco.

Siempre creí - y siempre me gustó la idea de - que los grupos de música deberían asociarse con dibujantes o grupos de dibujantes. O, por ahí, más que eso: que cada banda tuviera su rocambole, pero ya como una parte de la banda, como alguien estable que comparte el camino con el grupo.

Por el momento, acá tienen mi primera incursión en la ilustración de discos.

Si quieren saber algo más de muñeca: http://www.myspace.com/muniecarock

martes, 22 de septiembre de 2009

Toda una vida.

Luché toda la vida por tu amor: toda una vida.
No me importó que, durante la escuela secundaria, quemaras delante de tus amigas mis poemas de amor. Todos mis poemas de amor.
Tampoco me importó que te casaras con ese infeliz, solamente porque él tenía plata, era atractivo, inteligente, simpático, y todas esas estupideces. Yo podía esperarte.
Fue solamente un detalle que, al divorciarte, nos acercáramos, por fin, empezáramos a hablar, a reírnos, pero, a pesar de todo, prefirieras salir con todos y cada uno de mis amigos.
Cuando te casaste con Pocho, yo sabía que era algo pasajero, y seguí pensando eso después del primer hijo, del segundo, del tercero, después de los quince años que estuvieron juntos.
Yo siempre fui paciente: como todos los días, te llevo un ramo de flores; como todos los días, me atendés con una sonrisa. Como todos los días, tomamos un té, salimos a pasear con Lucas, el más chico de tus nietos. Como todos los días, lo llevo a la hamaca, lo empujo una, otra, otra vez, nos reímos, y entonces, en el momento menos pensado, el milagro se produce. Me dice:
- ¡Otra vez, abuelo! - y entonces, cuando me dice abuelo, te miro, y me encuentro con esa mirada, la misma mirada que yo esperaba ver, desde hace tanto, tanto tiempo, y nos sonreímos, y lo empujo otra vez, y nos miramos, y lo empujo otra vez...

lunes, 21 de septiembre de 2009

Sí, quiero. Historias para casamientos.

"Sí, quiero" es una serie de historias temáticas, centradas en el matrimonio. El matrimonio y sus derivados: el amor, las peleas, los odios, la confianza, la construcción de un futuro, un presente, un pasado, juntos. Son historias pensadas para producir pequeños libritos, que puedan servir como souvenir o invitación para casamientos.

"Sí, quiero" es parte del proyecto de microediciones "La Gota", que llevo adelante junto a Cande Rivero.

Si el proyecto les interesa, consulten tranquilos: le estamos dando forma, y cualquier comentario es valioso.

El tiempo.

Nadie dijo que el amor era esto, pero el amor es esto.
Cuando nos conocimos, pensamos que era la cima del amor, que nada podía compararse a esa sensación de que el mundo se resumía en nosotros dos, de que éramos el mundo, de que el mundo conspiraba para nosotros, para ciertos momentos de perfección. Pensamos que, o manteníamos esa sensación, o no tenía sentido seguir juntos.
Cuando nos casamos, pensamos que no había nada que pudiera compararse a la sensación de que nos complementábamos, de una forma única, de que habíamos construido un mundo en el que nadie podía penetrar, un universo cálido que era nuestro, solamente nuestro, y que nos protegía frente a todo, y que nos daba fuerzas, y que nos hacía seguir vivos.
Con los años, fuimos aprendiendo otras cosas, amándonos de otras formas, en el primer hijo, en la primera hija, en el menor, que llegó cuando no lo esperábamos, en el primer nieto, en los largos atardeceres de la vejez, con el mate y el silloncito en la puerta, viendo cómo los chicos del barrio crecían, florecían, nos saludaban, y éramos parte de eso, de sus vidas, de ese florecer, para siempre.
Ahora que te veo en la cama, ahora que sé que éstos son tus últimos momentos, entiendo que el amor también es esto, que cada momento tiene su propia intensidad y parece el más fuerte. Ahora, tu mano, no puedo soltar tu mano, y en cualquier momento va a ser la última vez que aprietes la mía, va a ser nuestro saludo final, un último beso, tu vida entera pasando delante de tus ojos pero también de los míos, que la conozco tan bien como vos, que nos conozco tan bien como vos, y después, una parte de nosotros que se va, para siempre, y otra parte de nosotros que queda acá, en medio de los nuestros, de esta vida nuestra, ahora incompleta pero vida al fin, vas a vivir en mis recuerdos, en mis palabras, que hagan florecer nuevos recuerdos en los que están, en los que quisimos, hasta que la muerte nos quiera unir otra vez, como ahora, ahora que tengo tu mano entre las mías, y pienso que esto es el amor, todo el amor, mucho más del que pensé que iban a poder sentir estos huesos cansados, este cuerpo ya demasiado acostumbrado a la vida.

14 de septiembre de 2009.

El amor, el despiste, la búsqueda.

Hace diez años, la Tere me dijo que iba a comprar soda. El quiosco quedaba en la esquina: empecé a sospechar que estaba tardando demasiado, tres días después. Salí a buscarla: la Tere siempre fue un poco despistada. A veces se confundía mi nombre, por ejemplo, y en medio de la noche, cuando se despertaba, me llamaba con el de su profesor de gimnasia, o, durante los momentos de intimidad, me gritaba el nombre del sodero.
Despistada como era, no es raro que ahora ande por ahí, buscando nuestra casa, sin encontrarla. Vaya uno a saber dónde andará ahora, después de diez años: ya recorrí el país entero, y empiezo a sospechar que, en su despiste, puede haberse ido a otro país, o que, por ahí, puede haber vuelto a casa cualquier día de éstos, y yo acá, buscándola como un gil.
Lo que se reiría, si se enterara.

14 de septiembre de 2009.