viernes, 25 de diciembre de 2009

Lo que Dios une...

Cuando los conocí, parecían siameses. Estábamos en la sala de espera de la podóloga; tuvieron tiempo de contarme su historia.

- Estamos muy enamorados – empezó ella.
- Al principio, simplemente no podíamos dejar de abrazarnos – siguió él – y queríamos estar todo el tiempo juntos – completó ella.

Un día como cualquier otro, ya no pudieron separarse.
Pensaron en un médico. Las costumbres de la gente, a veces, parecen hechas a propósito para que nadie sea feliz: ellos se dieron cuenta de que no querían separarse.

Los curas, las maestras, los clientes de la peluquería, se escandalizaron: ellos, simplemente, se dedicaron a disfrutar una nueva etapa en sus vidas.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Otra variante del mismo ejercicio.

Doblaje. Ejercicio para el taller de cómic.


A partir de una página de 4 segundos, el mejor cómic argentino de la década (hasta donde yo sé), hicimos un pequeño ejercicio con los chicos del taller de cómic, que llevamos adelante junto a Sebastián Mercau.
Me tomé el tiempo para hacerlo con ellos, y acá les muestro algunos resultados. Es un ejercicio muy divertido de hacer, ojalá que se disfrute al leer.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Las costumbres de otras culturas.

- ... y ella es Eliana, papá, mamá... nos vamos a casar.
- Hijo... - el padre, en secreto, preocupadísimo: - ¿Es un travesti?
- No, papá, los habitantes de su planeta asumen esa forma durante la séptima etapa del celo. En la octava, que es la última, se transforma en una criatura parecida a una planta carnívora, me absorbe, me tritura, y paso a formar parte de ella para siempre... ¿No es romántico?
- Ay, menos mal. Pensé que era un travesti.






Souvenirs para casamiento.
Libros personalizados con historias de la pareja.
Consultar: gellergonzalo@yahoo.com.ar

lunes, 16 de noviembre de 2009

Agustín.

- Papá, éste es Agustín - dijo, por fin, entre la esperanza y el terror.
- ¿Pero no ves que es un gorila?
- ¡Viva Perón, carajo! - intentó disimular Agustín, mientras, colgado de una lámpara, se comía una banana.
- ¡Papá, yo a Agustín lo amo!
- Hija, hija... pero es imposible... es... es como si yo me enamorara de un cisne...
- Múúúúuuuu – dijo la madre, que había estado comiendo pasto hasta ese momento.






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martes, 10 de noviembre de 2009

El Panchito.

- Éste es Romualdo Carlos Enrique Torres Leon Tercero, hija.
- ¿Y?
- Y es millonario.
- ¿Y?
- Y está enamorado de vos.
- Pero yo tengo novio, pa.
- ¿¿Pero vos no te das cuenta de lo que me estás diciendo??
- Claro que me doy cuenta. Yo lo quiero al Panchito. Es mi novio, mamá.
- ¡Pero hija...! ¡Romualdo Carlos Enrique es millonario, y es lindo, y...!
- Pero el Panchito es un grosso, mamá.
- ¡El Panchito ni siquiera terminó el secundario!
- ¿Y?
- Me querés matar de un disgusto. ¿Y qué tiene de grosso el Panchito?
- Qué sé yo, mamá, es mi novio. Yo lo quiero al Panchito, y punto.
- ¿¿Y vos no pensás en el futuro??
- Ay, mamá, ya va a haber tiempo...
- Hija, tenés cuarenta años... y el panchito, cuarenta y ocho... tendrían que ir pensando en...
- ¿Y para eso necesito un millonario?
- ¡¡Sí!!
- Bueno, está bien, si me caso, ¿Me dejan en paz?
- ¡Claro!
- Bueno.
- ¿Adónde vas?
- A buscar el teléfono... ahí está... ¿Hola? ¿Panchito? Sí, la Turca. Decime, Panchito... ¿te querés casar conmigo? Y sí, ahora, apenas se pueda... qué sé yo, mirá que me voy a poner a pensar en un vestido... por mí, me caso de chinelas... no, a mis viejos se les dio porque me tenía que casar, y, bueno... como a mí me da lo mismo... bueno, listo, quedamos así. El Martes. ¿No es martes trece, no? No, está bien. Bueno, Panchito, quedamos así. ¡Y comprame un regalo, ¿eh?! Bueno, bueno, chau, Panchito, chau, nos estamos viendo. Listo, mamá, papá, a ver si así se dejan de joder de una buena vez.
- ¡Pero... pero...! ¿Y Romualdo Carlos Enrique Torres Leon Tercero?
- Qué sé yo, mamá, casate vos con él, qué sé yo. Yo lo quiero al Panchito. El Panchito es un grosso.






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viernes, 6 de noviembre de 2009

El clon.

- Hija, por fin te encontramos un candidato digno de vos – sonrió el padre con orgullo.
- ¡Pero papá, sos vos cuando eras joven!
- Claro que sí, hijita mía.
- ¡Vos no aprendés más! – y salió dando un portazo. Se escucharon sus taconeos subiendo la escalera.
- ¿Y ahora qué hacemos? - preguntó el joven clon, mirando el reloj.
- Esperar. Tarde o temprano se va a dar cuenta de qué es lo mejor para ella – dijo el padre, mientras empezaba a preparar un café.





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lunes, 2 de noviembre de 2009

Costumbres I.

La primera vez que vi los pies del sodero asomando por debajo de la cama, me enfurecí. Recién empecé a calmarme cuando me di cuenta de que el resto del cuerpo no estaba.
¿Qué significa esto? - pregunté, en tono enérgico, tratando de disimular el placer que sentía al saber que no se trataba de un amante.
Yo te amo – cuando escuché esa respuesta, me empecé a derretir. No me canso de que me lo repita. La abracé, la besé, y empecé a quitarle cuidadosamente la ropa, olvidándome de los pies abajo de la cama.
El incidente quedó en el olvido, hasta que, una semana después, vi otro par de pies asomando por debajo de la cama. Me agaché, y reconocí los pies del diariero. Pero, para mi alivio, el resto del cuerpo no estaba.
Hola, mi amor, ya llegué – dije, tratando de no darle al asunto mayor importancia de la que tenía.





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sábado, 31 de octubre de 2009

Casarse de apuro.

- Vengo a casarme con vos – dijo ella, mientras atravesaba los escombros de la pared.
- ¿Y vos quién sos?
- Callate, y vamos al altar.

Unos minutos después, el cura ya estaba diciendo las palabras rituales.

- Si alguien conoce un motivo por el que esta unión no pueda realizarse...
- Ni siquiera sé su nombre – intentó defenderse él, mientras se acomodaba el frac.
- Mi nombre no importa – contestó ella, abrazándolo casi hasta la asfixia – lo importante es nuestro amor, Roberto.
- Yo no me llamo Roberto.
- ¿Vos no sos Roberto el del chat?
- ¿Cual chat?
- ¿En serio no sabés quién soy yo?
- ¡¡No!!
… ... y que lo que Dios une, no lo separe el hombre – terminó de decir el cura, mientras se lavaba las manos, se sacaba la sotana, se sentaba en un sillón, abría el diario, y se ponía a leer el diario, en una señal inconfundible de que la ceremonia había terminado.
- Bueno, Roberto, ya nada de eso importa. Ahora estamos casados ante el Señor.
- Es verdad – contestó, mientras besaba a la novia, pensando en cómo cambian las cosas.

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jueves, 29 de octubre de 2009

Lo nuestro es imposible.

El pasajero del asiento de adelante se dio vuelta, y con aires de quien acaba de tener una idea pero no sabe si es ridícula, le preguntó:
- Disculpe, ¿Usted querría casarse conmigo?
- Me encantaría - dijo ella, levantando la vista de su revista de tejido y manualidades - ¿Y qué día sería?
- El jueves a la tarde.
- No, el jueves a la tarde no puedo. Tengo que ir al dentista.
- Si no es el jueves a la tarde, yo no puedo.
- ¿Y entonces...?
- Parece que lo nuestro es imposible...
- ¿Ahora te echás atrás?
- Y...
… yo sé que todo esto es culpa de la atorrante de tu secretaria. Está bien, hacé lo que quieras – trató de conservar la dignidad, y siguió leyendo la revista de tejido y manualidades, a pesar de la espesa capa de lágrimas, que no le dejaba ver absolutamente nada.

Un par de asientos más adelante, se escuchaba la voz de él, diciendo:

- Disculpe, ¿Usted querría casarse conmigo?



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miércoles, 28 de octubre de 2009

Relato para el cumpleaños de Matías Machtey

Nos conocimos en una fiesta. Yo estaba disfrazado del Chapulín Colorado. Por una de esas casualidades, nos encontramos en la cocina, forcejeamos, y, mientras yo trataba de asesinarla, me caí sobre los cubiertos, y terminé con un tenedor clavado en la mano. Normalmente, uno no se imagina hasta dónde podría clavarse un tenedor. Pero así fue.
Lo último que recuerdo, es que ella discutía con Lucho si había que sacarme el tenedor o no. Lucho decía que no, y yo le hubiera hecho caso, porque será una mala persona pero debe ser un buen médico. En un momento me pareció que les importaba más la discusión que mi mano. Y debe haber sido así, porque no me acuerdo de nada más.

martes, 27 de octubre de 2009

El sueño es vida.

… ... te juro que sos la mujer más hermosa que vi en mi vida.
- Pero hay un problema.
- ¿Cuál?
- Esto es un sueño.
- No te puedo creer... ¿O sea que estoy soñando?
- No... no sé cuál de los dos está soñando.
- Contemos hasta tres. El que se despierta, es el que estaba soñando.
- ¿Y si no nos despertamos? Yo estoy bien así como estoy.
- Y bueno... nos quedamos un rato más...



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domingo, 25 de octubre de 2009

Ilustración para un texto de Pablo Escudero.


Es para la revista del Filobondi, que edita un grupo de estudiantes de Filosofía, en la UNL. (Prometo que algún día voy a aprender a poner un link. En serio.)

El amor es otra cosa.

Después de algunos años de convivencia, los intentos de asesinato son algo natural, casi diría, necesario.
Por eso, cuando vi a Matilde levantar el hacha como para decapitarme, no me preocupé: saqué el revólver que tengo bajo el colchón, y disparé dos tiros al techo, como advertencia.
Matilde, pálida, soltó el hacha. Arriba se escuchó un grito, y gruesos goterones de sangre empezaron a caer por el agujero que dejó la bala.
Entonces, como a todo buen matrimonio, la adversidad nos unió: ella empuñó el hacha, yo el revólver, y subimos a exterminar a los testigos.
Cuando subíamos las escaleras, le guiñé un ojo, como diciéndole: “podemos pelearnos, nos podemos odiar, pero el amor es otra cosa”.
Ella me contestó con una sonrisa.




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viernes, 23 de octubre de 2009

A primera vista.

Fue amor a primera vista.
Él estaba haciendo un pozo en el pavimento, con un taladro pesadísimo; ella llevaba de la mano a la sala de cuatro años del jardín “Las tortuguitas”, mientras les cantaba una canción sobre un hipopótamo cobarde.
Entonces, se vieron: él estaba absolutamente sudado, y ella al borde de un ataque de nervios. Nada de eso importó cuando el amor nació.
Corrieron a abrazarse, en medio de la calle: el taladro siguió rompiendo pedazos de asfalto al azar, mientras ellos corrían, de la mano, rumbo a la felicidad.
Los chicos de la sala de cuatro años del jardín “las tortuguitas”, se quedaron ahí, solos, desorientados y llorando, durante horas. Algunos vecinos se apiadaron de ellos, y trataron de adoptarlos: las buenas intenciones terminaron en una prolongadísima y terrible batalla, a veces legal, a veces armada, con los padres de los chicos.
El obrero y la maestra, en cambio, fueron felices para siempre.
Cuando los llevaron a juicio declararon: “Todo fue por amor”. El juez se enterneció hasta las lágrimas, y los dejó en libertad.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Prófugos.

La primera vez que vi a Ernestina, estaba completamente borrosa.
La segunda vez fue dos meses después, ya me habían operado de cataratas, y ella tenía puesto un pijama a rayas rosadas. Me dijo simplemente:
- Hola, buen mozo.
- Cómo le va, ricura.
 Sé que las autoridades del geriátrico ven con malos ojos el romance, pero no alcanzo a entender por qué. Ernestina y yo empezamos a frecuentarnos, en largos partidos de naipes, en recuerdos, en algún mate a la tardecita.
Lenta, silenciosamente, fuimos preparando la fuga. Averiguamos precios de hoteles, colectivos, almuerzos.
Un mes después fingimos que íbamos a la panadería, nos tomamos un colectivo, y nos fuimos.
Tardaron casi una semana en encontrarnos.
No nos importó que llegara la policía, los gritos, la falsa preocupación, el incomprensible amor de nuestros hijos.
Atesorábamos algo más importante que eso, algo más importante que nosotros mismos.
 Cualquiera podía ver que, entre grito y grito, entre preocupaciones dudosas y alivios fingidos, hijos, parientes y enfermeros, nos miraban con una extraña mezcla de envidia y reverencia.
 Cuando nos vieron volver al geriátrico, tomados de la mano, ellos, que parecían los dueños de nuestros destinos, volvieron a ser nuestros hijos, volvieron a mirarnos, humildes, como si de repente se acordaran de que tienen mucho, todavía, mucho que aprender.

martes, 20 de octubre de 2009

Hace casi tres años.

Siento que estoy viviendo en un sueño.

Hace casi tres años que soy el compañerito del Capitán Justicia.
Hace casi tres años que repartimos trompadas entre los malvados, codo a codo. Hace casi tres años que vivo en su mansión. Hace casi tres años que juntos, recorremos la ciudad, protegemos al débil, ayudamos al necesitado, compartimos nuestros secretos, nuestras alegrías y tristezas.

Pero recién anoche, todo cambió entre nosotros. Le habíamos dado una paliza de aquellas al Payaso Demente. Locos de alegría - es muy raro que podamos atrapar al Payaso - nos abrazamos, cantamos la vieja Canción de la Justicia, nos fuimos al Bar clandestino de Monólogo Man, nos emborrachamos alegremente, y, sin saber cómo ni por qué, terminamos en la cama.

Hace casi tres años que yo soñaba con esa escena: hoy, mientras acaricio los rulos de esa cabeza que duerme, tengo ganas de salir a las calles a gritar lo que nos está pasando.

Y de acordarme qué habremos hecho con el Payaso Demente.

lunes, 19 de octubre de 2009

El apoyo de los padres.

- ¿Y estás segura de que no lo hace por la ciudadanía?
- ¡Mamá, es un ser de otro planeta!
- ¿Y qué tiene? Que sea de otro planeta no quiere decir que tenga que ser bueno, sí o sí.
- ¡Rubrszkian y yo estamos enamorados, mamá! ¿No podés entender eso?
- No llores, hija... nosotros queremos lo mejor para vos.
- Entonces, mamá...
- Sí, sí... te vamos a apoyar.
- ¿En serio?
- Sí, sí... mirá... vení, Ruskián, vení, vamos a tomar unos mates... tiene boca, ¿No es cierto?
- El orificio abajo de la axila. Pero que no le salpique agua en la piel, porque se la disuelve.
- Bueno... mirá, Ruskián... te voy a mostrar nuestro álbum de casamiento... ¿Tienen fotos en tu planeta?

La boda del siglo I.

Eran la pareja perfecta: él era una estrella del rock, ella una modelo con aires de futura presentadora de televisión.
La televisión, las revistas, lo anunciaron como el casamiento del año. Alguien quiso ser más, y dijo el casamiento del siglo. Ellos eran la pareja perfecta, así que nadie los contradijo.
Todo el mundo quería un pedazo de ellos: pagaban por poner propagandas en la iglesia, en el vestido de la novia, en los anillos, en la espalda del frac del padre de la novia.
En medio de toda la vorágine, se les ocurrió la idea más absurda, la única impensable: se enamoraron. Él, que en realidad era un muchachito tímido, que nunca se animaba a expresar lo que sentía, y ella, que había sido criada como un objeto, un artículo de lujo, la mejor parte del decorado, pero que en realidad estaba confundida, porque nunca había tenido tiempo de pensar en qué quería.
 Él se animó a decir que estaba nervioso, y que no sabía si quería casarse. Ella le dijo que no importaba si querían o no, que estaban obligados. Pero lo dijo con una pena infinita. Esas palabras fueron un relámpago, un destello: no sólo estaban descubriendo que el otro tenía sentimientos, sino que, además, tenían los mismos sentimientos.
 Así que, mientras los medios esperaban ansiosamente la aparición de la pareja del siglo, ellos armaron las valijas de incógnito, salieron del país, no a un paraíso tropical, como todo el mundo hubiera esperado, como los papparazzis de todo el mundo esperaron vanamente, sino a un país vecino, un país anónimo, donde fueron nada más que la cajera del supermercado y el cuidador de la cancha del Club Atlético San Rafael.
Tuvieron un perro, dos hijas, otro perro, algunos amigos, y un puñado de atardeceres que miraron juntos, abrazados, sin melancolía, sin nostalgia, sintiendo que el tiempo les pertenecía.

domingo, 18 de octubre de 2009

Otra imagen de las minimuestras.



Y seguimos en la Cortada Falucho, exponiendo y vendiendo nuestros trabajos. Los puestos están cada vez más lindos, mire vea.

jueves, 15 de octubre de 2009

Anochecer.




Éste es un dibujo tratado digitalmente.
Es parte de una muestra de calcomanías que estamos vendiendo en el Paseo de los Dibujantes, en la Cortada Falucho, a pasitos de la peatonal de Santa Fe.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Palabra del Señor.

Estaban los dos en la iglesia.
De golpe, entró el cura: estaba completamente borracho. Se subió al altar, y les dijo:

- Los declaro marido y mujer. Y déjense de joder.

El cura se bajó, y se fue a casa, a comer una hamburguesa y tomar un café.

- Che, no es una mala idea - dijo él.
- Sí - le contestó ella - ¿Cómo te llamás?

lunes, 28 de septiembre de 2009

¿Qué pasó con los famosos de la historieta? ¿Dónde están hoy?

En revista Big Bang Nº3.




Después de años de negar su condición, Condorito decidió salir del armario. Confesó públicamente su relación con Tribilín, y, lejos de perder su trabajo, como había sospechado, hoy le va mejor que nunca.
“Yayita intentó matar a Tribilín tirándole ácido en la cara. Fueron momentos muy duros para mí. Por suerte él me apoya en todo. Si tuviera que decirle algo a los que me están leyendo, les diría que tienen que animarse a ser auténticos. A dejar de fingir, sean gays, pervertidos, lectores de Condorito, lo que sea.”

Amor de juventud.

Desde que la vi, no pude hacer otra cosa que pensar en ella.
Su carita angelical, sus ojos grandes, como si viera el mundo por primera vez, sus manos suaves, como las de un bebé.
Nos vimos a la distancia.
Ella estaba en los brazos de otro, pero no me importó.
Cuando por fin la casualidad nos acercó, intenté, de alguna forma, hacerle notar lo que sentía.
Pero no pude.
De mi boca sin dientes, no salían palabras.
¿Qué iba a hacer? Me puse a llorar.
Una enfermera vino a cambiarme los pañales.

Mientras tomaba la teta, pensé que tenía tiempo para esperarla, todo el tiempo del mundo...

A PARTIR DEL SÁBADO 3 DE OCTUBRE, LA GOTA EN EL STAND DE LA ASOCIACIÓN DE DIBUJANTES INDEPENDIENTES, EN LA CORTADA FALUCHO, PEATONAL DE SANTA FE

¿Qué es La Gota?


La Gota es un proyecto de microedición.
Es un proyecto pensado para que los escritores que no tienen acceso a las editoriales, puedan llegar a un público.
Es un proyecto pensado para que el público pueda llegar a otro tipo de escritores. A los que no se ven. A los que están a nuestro alrededor. A los que vienen construyendo en silencio. A los que, a pesar de no poder trabajar de lo que hacen, de lo que aman, siguen escribiendo, siguen asumiendo día a día la responsabilidad de la palabra escrita. El placer de la palabra escrita. Un placer que hay que compartir.
La Gota es un proyecto reducido, modesto, que sólo se plantea crecer en la medida en que haya un público que lo apoye. En la medida en que vos lo apoyes. No tenemos auspiciantes, no tenemos publicidad, no tenemos spónsors, no tenemos subsidios.
Queremos recuperar la idea de que escribir es un trabajo, y para eso contamos con que exista un público que lo reconozca y valore como un trabajo. Como el trabajo del verdulero, del médico, del docente, del colectivero.
Esto es la gota.
Un proyecto pequeño que crece desde abajo. Muy desde abajo. Pero crece. Empezó con la edición de doce ejemplares de un librito. Hoy, más de doscientas impresiones después, busca otro público. Y contamos con la posibilidad de que haya un público buscándonos. Y otros escritores buscando a su público, que quieran sumarse. Otra literatura. Otras ideas.

Esto es la gota.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Trazos introvertidos.




Ésta es una ilustración que hice para el disco de Muñeca, "Trazos introvertidos". Fue una buena experiencia: me dejaron libertad para crear, y no tuvieron problemas en compartir el proceso de creación, indicando qué buscaban, qué necesitaban, como imagen para su disco.

Siempre creí - y siempre me gustó la idea de - que los grupos de música deberían asociarse con dibujantes o grupos de dibujantes. O, por ahí, más que eso: que cada banda tuviera su rocambole, pero ya como una parte de la banda, como alguien estable que comparte el camino con el grupo.

Por el momento, acá tienen mi primera incursión en la ilustración de discos.

Si quieren saber algo más de muñeca: http://www.myspace.com/muniecarock

martes, 22 de septiembre de 2009

Toda una vida.

Luché toda la vida por tu amor: toda una vida.
No me importó que, durante la escuela secundaria, quemaras delante de tus amigas mis poemas de amor. Todos mis poemas de amor.
Tampoco me importó que te casaras con ese infeliz, solamente porque él tenía plata, era atractivo, inteligente, simpático, y todas esas estupideces. Yo podía esperarte.
Fue solamente un detalle que, al divorciarte, nos acercáramos, por fin, empezáramos a hablar, a reírnos, pero, a pesar de todo, prefirieras salir con todos y cada uno de mis amigos.
Cuando te casaste con Pocho, yo sabía que era algo pasajero, y seguí pensando eso después del primer hijo, del segundo, del tercero, después de los quince años que estuvieron juntos.
Yo siempre fui paciente: como todos los días, te llevo un ramo de flores; como todos los días, me atendés con una sonrisa. Como todos los días, tomamos un té, salimos a pasear con Lucas, el más chico de tus nietos. Como todos los días, lo llevo a la hamaca, lo empujo una, otra, otra vez, nos reímos, y entonces, en el momento menos pensado, el milagro se produce. Me dice:
- ¡Otra vez, abuelo! - y entonces, cuando me dice abuelo, te miro, y me encuentro con esa mirada, la misma mirada que yo esperaba ver, desde hace tanto, tanto tiempo, y nos sonreímos, y lo empujo otra vez, y nos miramos, y lo empujo otra vez...

lunes, 21 de septiembre de 2009

Sí, quiero. Historias para casamientos.

"Sí, quiero" es una serie de historias temáticas, centradas en el matrimonio. El matrimonio y sus derivados: el amor, las peleas, los odios, la confianza, la construcción de un futuro, un presente, un pasado, juntos. Son historias pensadas para producir pequeños libritos, que puedan servir como souvenir o invitación para casamientos.

"Sí, quiero" es parte del proyecto de microediciones "La Gota", que llevo adelante junto a Cande Rivero.

Si el proyecto les interesa, consulten tranquilos: le estamos dando forma, y cualquier comentario es valioso.

El tiempo.

Nadie dijo que el amor era esto, pero el amor es esto.
Cuando nos conocimos, pensamos que era la cima del amor, que nada podía compararse a esa sensación de que el mundo se resumía en nosotros dos, de que éramos el mundo, de que el mundo conspiraba para nosotros, para ciertos momentos de perfección. Pensamos que, o manteníamos esa sensación, o no tenía sentido seguir juntos.
Cuando nos casamos, pensamos que no había nada que pudiera compararse a la sensación de que nos complementábamos, de una forma única, de que habíamos construido un mundo en el que nadie podía penetrar, un universo cálido que era nuestro, solamente nuestro, y que nos protegía frente a todo, y que nos daba fuerzas, y que nos hacía seguir vivos.
Con los años, fuimos aprendiendo otras cosas, amándonos de otras formas, en el primer hijo, en la primera hija, en el menor, que llegó cuando no lo esperábamos, en el primer nieto, en los largos atardeceres de la vejez, con el mate y el silloncito en la puerta, viendo cómo los chicos del barrio crecían, florecían, nos saludaban, y éramos parte de eso, de sus vidas, de ese florecer, para siempre.
Ahora que te veo en la cama, ahora que sé que éstos son tus últimos momentos, entiendo que el amor también es esto, que cada momento tiene su propia intensidad y parece el más fuerte. Ahora, tu mano, no puedo soltar tu mano, y en cualquier momento va a ser la última vez que aprietes la mía, va a ser nuestro saludo final, un último beso, tu vida entera pasando delante de tus ojos pero también de los míos, que la conozco tan bien como vos, que nos conozco tan bien como vos, y después, una parte de nosotros que se va, para siempre, y otra parte de nosotros que queda acá, en medio de los nuestros, de esta vida nuestra, ahora incompleta pero vida al fin, vas a vivir en mis recuerdos, en mis palabras, que hagan florecer nuevos recuerdos en los que están, en los que quisimos, hasta que la muerte nos quiera unir otra vez, como ahora, ahora que tengo tu mano entre las mías, y pienso que esto es el amor, todo el amor, mucho más del que pensé que iban a poder sentir estos huesos cansados, este cuerpo ya demasiado acostumbrado a la vida.

14 de septiembre de 2009.

El amor, el despiste, la búsqueda.

Hace diez años, la Tere me dijo que iba a comprar soda. El quiosco quedaba en la esquina: empecé a sospechar que estaba tardando demasiado, tres días después. Salí a buscarla: la Tere siempre fue un poco despistada. A veces se confundía mi nombre, por ejemplo, y en medio de la noche, cuando se despertaba, me llamaba con el de su profesor de gimnasia, o, durante los momentos de intimidad, me gritaba el nombre del sodero.
Despistada como era, no es raro que ahora ande por ahí, buscando nuestra casa, sin encontrarla. Vaya uno a saber dónde andará ahora, después de diez años: ya recorrí el país entero, y empiezo a sospechar que, en su despiste, puede haberse ido a otro país, o que, por ahí, puede haber vuelto a casa cualquier día de éstos, y yo acá, buscándola como un gil.
Lo que se reiría, si se enterara.

14 de septiembre de 2009.